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domingo, 26 de mayo de 2013

Brit - Capítulo 18

Mamá.

De golpe, la sangre empezó a hervirme, una fuerza inhumana salió de dentro de mí. A ella no. Por ahí no. Hijos de puta. Me volví loca y empecé a correr hacía ella mientras me miraba asustada, atada de manos y pies, con una venda en la boca, magullada.

Le habían hecho daño. A ella no, hay personas en esta vida que son intocables. Contra más corría más me acercaba a ella, contra más cerca más clara veía su cara de arañazos con tonos azulados, contra más claro, mejor vi el movimiento de negación que hacía, implorándome que no me acercará. Pero contra más claro lo veía, más rabia corría por mi ya no tan sano cuerpo, hasta que choqué contra algo, algo que no estaba ahí, golpeándome con fuerza, haciendo que saliera disparada por los aires.

Me quedé aturdida en el suelo. ¿Qué había pasado? Intenté levantarme pero no podía, o eso pensé. Eso pensé hasta que en mi mente, sonó su voz. “Saldremos de ésta, Brit”.

Grité furiosa. Y con una fuerza descomunal me erguí como el valeroso y herido caballero no dispuesto a rendirse en la batalla. Volví a correr hacía allí y justo cuando estaba a punto de tocarla, de acogerla entre mis brazos escuché un gran estruendo, fueron milésimas de segundo pero para cuando quise darme cuenta, un gran flujo de corriente eléctrica entró por mi pecho y empezó a correr en varias direcciones, enseñándome lo que es el dolor en partes del cuerpo que no sabía ni que existían. Quemaba. Te paralizaba. Y luego… Me desplomé en el suelo. Barrera eléctrica, que le llamaban.

Y fue entonces, ahí, mientras pensaba que esos iban a ser los últimos minutos de mi patética existencia cuando Brian empezó a gritar:

- Hay momentos en los que uno tiene que luchar, y hay momentos en los que uno debe aceptar que ha perdido su destino, que el barco ha zarpado, que solo un iluso seguiría insistiendo…

Lo miré, lloraba. Y yo con él.

- Lo cierto es que siempre fui una ilusa - dije en un suspiro.

“Sus labios eran cálidos y fuertes, seguros. Nos separamos sin dejar que nuestros cuerpos dejaran de tocarse. Era una fuerza de atracción tan ajena e incomprensible a mi, que daba miedo. Él sonrió.

Algo en el cielo apareció, así que retire la mirada de aquellos ojos infinitos. Es broma, no había nada en el cielo, pero conseguí que él mirara hacia allí y justo cuando lo hizo cogí agua con la boca y al girar la cabeza mientras expresaba cierta curiosidad sobre lo que había visto, con toda mi fuerza se la escupí en la cara.

Me soltó y me escabullí y empecé a nadar hacia la orilla con una técnica de nado impresionante, nótese la ironía. Justo cuando ya tenía medio cuerpo y un pie fuera y estaba cantando victoria miré hacia atrás. Brian había desaparecido. Ni rastro. Se había esfumado.

- Por si no lo sabías... ¡Esconderse es de cobardes!- grité al mundo y a la fauna de aquel río pero no obtuve respuesta alguna.

Me quedé allí, miré mi ropa, estaba empapada así que me quité la camiseta y empecé a escurrirla. Volví a ponérmela. Lo mismo hice con los pantalones y las deportivas.

Empecé a inquietarme ¿Dónde había ido aquél capullo? No era posible que desapareciera como si de magia se tratara.

- ¡Va! ¡Sal ya de dónde sea que estés! – grité una vez más.

Al final, desistí y empecé a caminar dirección a casa. Cuando llegué a la altura del puente el coche de Brian ya no estaba allí. “Maldito seas” pensé para mis adentros, hasta casa tenía una hora y media, iba a morir caminando bajo el sol ardiente.

Para cuando estaba doblando la esquina ya era de noche. Brian me las iba a pagar y bien pagadas, su coche estaba aparcado en la puerta de mi bloque. ¡Argh! Y él, estaba sentado dentro del portal, sonriendo, victorioso.

Metí la llave en la cerradura y pasé por su lado sin ni siquiera mirarlo. Pique al ascensor

- Estabas muy graciosa escurriendo la ropa – dijo, burlándose de mi entre risas.

Concentré todos mis esfuerzos en callarme y no empezar a verborrear insultos hacía Brian, de lo contrario él ganaría. Me subí al ascensor y él subió detrás de mi mientras me miraba sonriendo.

- Eres preciosa, sobre todo cuando te enfadas y me ignoras haciendo ver que no te importo una mierda.

Sin querer mis ojos se cruzaron con los suyos y me estremecí. Se dió cuenta y pronunció

-  Ilusa... -  sonriendo antes de que la puerta del ascensor se cerrara, dejándome anonadada en aquél cuadrado, sin entender muy bien de qué iba la cosa. ”

Entre aplausos la voz de Seven retumbó en aquel antro:

- En serio chicos, me dais asco. De verdad, me repugnáis. El amor, l’amour… ¡Tonterías! Si el amor existiera vosotros dos no estaríais peleando el uno contra el otro como si la vida os fuera en ello. Os creíais que eráis dueños de vuestras vidas, que nadie os controlaba y os olvidabais de un pequeño detalle. Aquel insignificante detalle que lo cambia todo. Y que convierte un todo en casi nada, un mundo entero en burdas mentidas, unas creencias aparentemente solidas en nada más que pensamientos absurdos. ¿No es gracioso todo en sí?”- hizo una pausa meditando qué iba a decir acto seguido y prosiguió - Pero vayamos a lo importante.

Era una sensación extraña la que sentía por dentro, algo iba mal, algo que sinceramente se escapaba de mi consciente, era una especie de corazonada. Noté la mirada de Seven sobre mi persona.

- ¿Y bien Brit? ¿Vas a empezar a cantar ya o qué? ¿No crees que tu madre ya ha sufrido suficiente por tu culpa? – dijo el diablo en persona.

Seven caminó hacia mi madre lentamente mientras yo seguía estirada en el suelo incapaz de mover un solo dedo, llevaba un cuchillo. Me hervía la sangre, tenía las orejas ardiendo y gran parte del cuerpo en carne viva.

La situación empezó a superarme en el instante en que Seven cogió el cuchillo.

- Habla Brit. – ordenó.

Cerré los ojos, no quería mirar, si lo hacía lo más probable es que acabara vomitando. Y mamá empezó a gritar.

Continuará…
V.

sábado, 27 de abril de 2013

Brit - Capítulo 17

Oí a alguien gritar, una voz familiar, me esforcé por reconocerla pero no saqué nada en claro, estaba perdiendo la lucha. Había dejado de saber cuánto más aguantaría en ese mugriento lugar.

De la nada salieron dos agentes del mal, eran altos y robustos, iban vestidos con trajes negros y a pesar de haberlos visto cientos de veces, nunca me acababa de acostumbrar a esos ojos azules como el hielo, esos ojos que conseguían helarte la sangre. Sabéis los ojos de los gatos? Pues así era como sus ojos brillaban en la oscuridad.

Abrieron la celda y entraron dentro de ella.

“Levántate escoria.”

“Y una mierda...”

Me cogieron de los brazos con fuerza, parecía que me los fueran a desintegrar con tanta presión, era como en los típicos videojuegos dónde el personaje destrozaba las piedras con solo cogerlas con sus manos. No me daba la gana de levantarme, no les iba a dar el placer, así que me arrastraron por el frío y desagradable suelo. Me dejaron estirada en una gran sala oscura, boca arriba, mirando a la nada, porque la nada era oscuridad, era silencio. Y cuando digo silencio, me refiero a silencio interior, era como estar muerta en vida. 


Hasta que de pronto, se hizo la luz…

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V.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Brit - Capítulo 16

Te quitan la ropa mientras te miran obscenamente y te tocan. Te rapan la cabeza y te atan de pies y manos. Humillación. Estas en una celda fría y mohosa llena de ratas que no se atreven ni a comerse la comida que esos hijos de puta te dan una vez al día. Menosprecio. El agua sale ardiendo con fuerza, quemándote la piel y el alma pero ya no tienes fuerzas para llorar o simplemente gritar. Vacío. Te limitas a sobrevivir. 

Te piden que cooperes pero te niegas, creen que te lo pueden quitar todo, pero de sobras sabes que cuando te dejan vacío ya no tienes nada que perder. Y es que a veces los ideales prevalecen sobre el dolor, sobre la humillación. La cuestión era que yo no podía traicionar a aquellos que una vez me dieron una segunda oportunidad.

Y aparece alguien detrás de los barrotes, él. Alguien que un pasado lo fue todo para ti, y te mira implorándote perdón, pero ya no es él, y tú tampoco eres tú.

“Brit…”

Brian me llama, no soy capaz de mirarlo…

“Brit, dales lo que quieren y te dejaran libre…”

Y levanto la mirada, y clavo mi mirada en la suya y se estremece, pero ya me da igual.

“Te quiero” pronuncio. 

Y como si de un cortocircuito se tratara Brian abre bien los ojos y aturdido por el golpe de mis palabras, una chispa de esperanza se escapa de su caparazón de tipo duro.

“Ver muerto” Prosigo, como si ésa fuera la última bocanada de aire disponible en mis pulmones.

Desalentado se da media vuelta y se va. Lentas pasan las horas en este zulo mugriento y húmedo, Seven no tardará en llegar. Un cerrar de ojos y…

“Es un sábado por la mañana, el sol resplandece desde mi ventana por la cual corre una brisa suave con olor a primavera. En la radio suena Oasis y su Wonderwall, un clásico.

“Maldita Tenesse, no tenía suficiente con enviarnos la redacción sobre la reproducción de las amebas y otros anfibios que encima nos ha puesto un examen para mañana. Maldita seas, te odio.” Pensaba mientras mi madre irrumpió en mi habitación.

“Brit, ha venido alguien a verte”

Genial, seguro que era James, pero… Un momento, ¿no había quedado con él a aquello de las doce y media? Eran las nueve. Tal vez venía de empalme con churros, me dijo que ayer salía. Fui hacia el recibidor y no había nadie, pero la puerta de la entrada principal estaba abierta, así que salí al rellano, y allí estaba él, sentado en la escalera, Brian.

“Ya decía yo que esa peste solo podía provenir de una persona” mascullé mientras me tapaba la nariz con mi mano derecha y con la izquierda hacía ver que disipaba el olor.

“Qué graciosa te has levantado tú hoy ¿no?” dijo con cierto tono juguetón.

Sonreí con autosuficiencia y descaro. Orgullosa de ser tan rancia.

La cuestión es que pasaba por aquí y…” prosiguió Brian mientras se levantaba y se acercaba lentamente a mí.

“No me interesa tu vida. No, para nada. ¿Qué quieres?” Le corté con un tono tajante mientras sonreía y le apuntaba con el dedo para que se quedara quietecito donde estaba.

Se quedó mirándome perplejo y me dedicó una sonrisa con aquella dentadura profident que le caracterizaba. De golpe mi corazón se aceleró, mierda. ¿Qué había sido eso? No no no no, no era posible. No. Definitivamente no, él no.

“Mira, tengo el coche abajo mal aparcado así que seré breve. Iba a ir al acantilado de Tres Aguas a hacer puenting y me asaltó la idea de que alguien como tú, tan valiente, con tanto morro y chulería no se atrevería a darme un no por respuesta”

Cabrón. Me estaba probando.

“Tengo un examen pasado mañana, no puedo. Lo siento” dije canturreando mientras empezaba a cerrarle la puerta en las narices

“¡Oh! ¿Eso que huele tan mal eres tú? Y pensar que serías la única chica de la ciudad que no me diría que no por miedo a que tuviera que acabar tirando sus braguitas de corazones y unicornios a la basura, pero ya veo que… Eres como todas.” Y mientras sonreía daba media vuelta como si la cosa no fuera con él y empezaba a bajar por las escaleras. “Adiós chica del montón”

Empecé a cerrar la puerta mientras miré al horizonte, aquél idiota me la había jugado, me había dejado como una cobarde. ¡Argh! ¡Qué rabia! Impulsiva como yo sola abrí la puerta y justo cuando estaba dispuesta a empezar a chillar vi que Brian estaba delante de la puerta.

“Me tomaré eso como un sí” dijo burlón con una sonrisa de oreja a oreja anticipándose a mi futura verborrea de palabras mal sonantes. “5 minutos, te espero abajo. No tardes.” Y prosiguió con la marcha.

Me calcé las deportivas, y bajé. Me estaba esperando en un Seat Panda del 98 rojo. Me subí al coche sin mirarlo.

“Vamos Brit, no te las des de dura y admite que te morías de ganas de verme” dijo muy seguro de sí mismo.

“ No proyectes tus deseos en mi” sentencié mientras miraba a la carretera “Además, como por tu culpa suspenda el examen, te juro que te vas a pasar todo el Agosto estudiando conmigo los anfibios y sus cuerpos sin esqueleto”

“Trato hecho” prometió una vez más sonriendo, seguro que estaba contento de conseguir lo que él quería. Hombres…

Lo miré de reojo, esas Rayban rojas le sentaban muy bien, le daban un toque macarra. Llevaba una camiseta negra y unos pantalones cortos de chándal, supongo que lo de saltar del puente iba en serio. Llegamos a un puente y aparco antes de cruzarlo. Del maletero empezó a sacar cuerdas, arneses y mosquetones, la cosa se ponía seria.

“Sería la venganza perfecta” susurré.

“¿Decías?” preguntó curioso “Tranquila, sería una muerte rápida, no podría disfrutarla, me sabría a poco.” Dijo quitándole hierro al asunto.

Empezó a hacer nudos y a atar las cuerdas al puente y al arnés. Me asomé, debían haber como 50 metros para bajo, me mareé.

“¿Ahora no irás a echarte atrás, no?” preguntó desafiante. “Va, ponte el arnés” me pidió mientras me lo alcanzaba.

“Tú primero, no me fío un pelo de ti” le interpelé con dureza con una mirada desafiante.

“Está bien, para subirme luego habrás de tirar de esta cuerda de esta manera”

Sinceramente no me fije como lo hacía, el vuelo de una mariposa me distrajo. Saltó la baranda del puente y justo cuando estaba al borde de este, abrió sus brazos de par en par y saltó. En cuanto lo vi colgado como cual fuet, supe que esa era mi oportunidad. Eché una ojeada al paisaje y vi un camino que bajaba hasta el río. Me encaminé hacia allí mientras Brian empezó a gritar pidiéndome que lo subiera arriba hasta que se dio cuenta de cuales eran mis intenciones realmente.

Me planté a escasos metros de él y me senté en una roca que había en medio del rio.

“Maldita zorra” gritó bien fuerte.

“No creo que eso te ayude mucho, es más, dudo que insultándome consigas que te ayude por voluntad propia, pero tú sigue que me gusta.”

Lo miraba sonriendo con desdén, tenía el poder. O eso creía yo. De repente empezó a subir por la misma cuerda que lo colgaba como si de una lagartija se tratara, mierda. Me levanté rápido de la roca y empecé a correr por el río, saltando de piedra en piedra, pero en cuestión de segundos tenía a Brian detrás, cinco segundos más tarde me cogió y se lanzó al río conmigo cogida. Salí a la superficie pero ni rastro de Brian hasta que algo me agarró por detrás.

“No pareces tan valiente ahora” me susurró en la oreja y acto seguido me la mordió. Todo mi cuerpo se estremeció. Me di media vuelta y me quedé a escasos centímetros de él. “¿Por qué me gustaran tanto las niñatas como tú?” siguió susurrando aún más cerca de mis labios, casi rozándolos.

“Porque…” le susurré mientras recorría su mejilla en dirección a su oreja “eres un cerdo pederasta” finalicé.

Y entonces me agarró bien fuerte haciendo que su cuerpo y el mío se tocaran y empezó a besarme. Intenté resistirme, pero para ser realistas los cerdos pederastas como él me encantaban.” 

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“Veo que no das tu brazo a torcer” dijo Seven, despertándome de aquél extraño sueño “Pasaremos al plan B, lo siento Brit esto no te va a gustar.”

Y se fue.
Continuará…

V.

jueves, 21 de marzo de 2013

Changes

Parece ser que sí,  que al final tenías tú razón
She will be loved.

V.

domingo, 10 de febrero de 2013

Brit - Capítulo 15

Sólo con escuchar su voz se me heló la sangre. Miré hacia los lados y luego hacia atrás en busca de una escapatoria, pero cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba rodeada por una hilera de agentes del mal.
¿Recordáis el “turning point”? Os explicaré, actualmente, el mundo que conocemos se ha convertido en un gran ying-yang, formado por el bien y el mal, confrontados en una eterna guerra entre la muerte y la vida.

Todo empezó, un domingo, yo solía obligarme a recorrer 7 kilómetros corriendo hasta un gran lago que había por la zona para así mantenerme en forma, y ya de paso disfrutar del agua cristalina.

Era un camino de piedras por medio del bosque, me encantaba correr riesgos y yo sabía perfectamente que un paso en falso y caería dándome de bruces contra el suelo, rasgándome toda la piel, aun así era una yonqui de la adrenalina, me hacía sentir viva.

Sólo recuerdo que llevaba los auriculares de mi iPod puestos y que algo me golpeó por la espalda a mucha velocidad, acto seguido salí volando por los aires hasta aterrizar en el rocoso suelo. Nunca llegué a saber por qué aquel todo-terreno me atropelló ni porqué nadie me socorrió, porqué nadie vino en mi ayuda. Grité y grité, me encontraba boca abajo y no podía levantarme del suelo, grité pidiendo auxilio hasta quedarme afónica y después, lloré, perdiéndome entre lágrimas a mí misma en aquel suelo polvoriento…

Y entonces apareció Richard - por aquél entonces yo no sabía quién era él - tal vez fue por la conmoción pero apostaría dos de los grandes a que bajó del cielo con unas enormes alas blancas que brillaban con la luz del sol, sí, con el tiempo supe que Richard era mi Ángel de la guarda, no hizo falta que lo mencionara, solo con mirarlo a los ojos lo supe. Me acuerdo que me sonrió y se estiró a mi lado boca abajo, mirándome directamente a los ojos transmitiéndome una paz que ni los monjes budistas del Tibet y entonces me susurró.

- Brit te mueres.

No imaginé que fuera a soltar aquello, pensaba que me diría su nombre y que me llevaría al hospital, así que sorprendida y con tristeza empezaron a brotar lágrimas silenciosas de mis ojos, siempre había pensado que moriría de mayor en cualquier isla caribeña por culpa de un Tsunami, y no así. Me quedé inmersa en mis pensamientos, rememorando mi vida como si fuera una película y entonces Richard prosiguió, aunque no le hice mucho caso.

- Te mueres, sí, pero solo si tú quieres que así sea.

Y empecé a hacerle caso y dejé de rememorar mi vida. No podía hablar, él lo sabía, pero sólo con un cerrar de ojos él supo que yo quería seguir adelante así que me propuso un trato.

- Yo puedo darte una segunda oportunidad para que puedas seguir con vida. Pero hay un precio bastante alto a pagar. – hizo una pausa incómoda y carraspeó para proseguir con la oferta– Estarás al servicio de la humanidad durante diez años y la ayudarás siempre que haga falta. Para hacerlo se te otorgaran unos poderes que tendrás que aprender a manejar por tu cuenta y que irás descubriendo más adelante, ahora, como verás, no tengo tiempo a explicártelo todo. Durante esos años lucharás contra el mal y serás nuestra Secrets-keeper, de esto también hablaremos más adelante. – me estremecí, la traducción de secrets-keeper era guardiana de los secretos y sinceramente nunca me habían gustado los secretos- .

Nos quedamos callados durante dos minutos, dos minutos en los que pensé en lo que me había dicho. La cabeza me daba mil vueltas, era un huracán de pensamientos, ¿Estaría delirando? ¿Estaba siendo todo esto un sueño? La conmoción no me dejaba pensar con claridad, demasiada presión. Estaba a punto de aceptar el trato cuando finalmente Richard rompió el silencio.

- ¿Aceptar o morir? Tú decides.

Y yo asentí con la cabeza. Y entre susurros intente vislumbrar un "acepto", aquél fue el momento que lo cambió todo, the moment that changes everything.


- Chicos, cójanla, llévenla a la D-101. Código 43. - Ordenó Seven.


Continuará...

V.

jueves, 7 de febrero de 2013

Brit - Capítulo 14

…Pip…Pip…


Eh. Oh. Uuuuh… ¿Qué era esa peste? Olía a mejillón muerto, a huevo podrido, a depuradora, a sudor rancio…

Abrí los ojos, Brian se había quedado dormido encima de mi brazo. Era él el núcleo del olor. En su defensa podía alegar que estaba precioso cuando dormía, de verdad, yo por ejemplo era la persona menos sexy mientras dormía, mi madre solía imitarme con maldad, abriendo la boca de par en par espatarrándose de piernas y con los brazos bien estirados. Alguna vez me comentó que hacía mucho tiempo que ya había descartado la idea de hacerme una fotografía de esas en las que sales tan en paz contigo mismo mientras duermes, ya que durmiendo yo era la antibelleza en persona.

Estaba en una sala blanca, llena de máquinas conectadas a mi cuerpo, no había ventanas, sólo un sofá de color ocre bastante polvoriento en el que reposaba una mochila roja, supongo que de Brian; al lado había una puerta de madera pintada de blanco también, evidentemente  aquello no era un hospital.

- ¡Joder que mal hueles! – grité para darle un susto. Se sobresaltó y se puso de pie rápidamente y me miró riéndose al ver que yo me estaba aguantando la risa sin ningún tipo de esfuerzo.

- Tú no cambiarás nunca, ¿eh? Eres encantadoramente odiosa Julietta Britget Smith.


- A mí no me vengas con peloteos, que por tu culpa seguramente me quedaré coja para siempre y me pondré GOGOrda porque no podré hacer ejercicio y no encontraré el amor de mi vida porque seré la chica más bruja del universo y seré más pesada de lo que ya soy y nadie me soportará y moriré sola rodeada de…

Brian posó su dedo índice sobre mis labios. Y me callé. Y mi yo romántico se deshizo. Y por un momento me apeteció besarle, pero entonces me volví a acordar de que moriría sola y le aparté el brazo de un manotazo.

- Estate quieto Cupido... o te la corto.

Y él sonrió.

“Debe estar pensando que he utilizado los poderes con ella, vas mal encaminada Brit. Le gusto.” – oí en mi cabeza.

- No me gustas, hueles mal. Perdón...

- Perdo... - empezó a decir él.

- ...hueles muy mal - proseguí - además disparas a la gente en la pierna haciendo que casi mueran, torturándolos cantando canciones infumables y leyendo poemas del peor poeta de la historia…

- ¡Oh! ¡¿Qué es eso de ahí?! – exclamó mientras se agachaba a recoger algo. Lo hizo con tanta sorpresa que me entró una gran curiosidad por saber lo que era “eso de ahí” así que me incliné hacia el costado de la cama para ver qué era. – ¡Mira! ¡Esto debe ser tuyo! ¡Seguro que se te ha caído y no te has dado ni cuenta!– dijo con gran entusiasmo, miré toda curiosa hacia la palma de su mano, ahora abierta. Era un tornillo. Cabrón. Lo miré mal. Y él me dedicó una sonrisa torcida bastante burlona. Y por una vez, yo le devolví la sonrisa. – Deja de leerme la mente Brit.

- Jamás. - sentencié mientras seguía sonriendo como una heroína que debía cumplir con su deber.

De golpe se abrió la puerta, era el hombre de antes. Nos miró perplejo, más a Brian que a mí, reflejando cierta alarma en su cara, se le notaba nervioso cómo si algo no estuviera yendo del todo bien.

- ¡Querida Britget!– dijo desde la puerta, teniendo muy presente que desde ahí al menos no llegaría a escupirle – ¡Veo que se encuentra muy bien! Me alegro muchísimo. Brian, ¿serías tan amable de acompañarme fuera? – Brian vaciló por un momento hasta que el hombre insistió – Ya.

Estaba sola en aquella habitación y me di cuenta que no tardarían mucho más en empezar a torturarme, Seven quería lo que era suyo y empezaba a impacientarse, se notaba en el ambiente.

Era mi oportunidad de escapar, la pierna ya no me dolía, supongo que habían usado alguno de esos mejunjes fabricados en factorías no controladas por el estado. Eran una especie de crema que curaba al instante, eliminaba el dolor y cualquier rastro de cicatriz. Si no fuera por ese mejunje estaría o muerta o coja. 

Me levanté y me di cuenta de que llevaba puesta una de aquellas batas de hospital que se atan por detrás y en las que efectivamente, se te ve el culo. Genial, haría una salida estelar. 
Me quité las vías del brazo de un tirón y sin mirar, me daban grima. 

Vislumbré la mochila de Brian y la abrí para ver que había dentro, un cuaderno de dibujo. Parecía ser que a Brian no se le daba bien sólo la música. Quitando el cuaderno y el estuche con colores nada me era útil en aquella mochila, así que conté hasta tres y abrí la puerta con violencia para asegurarme así de que Brian y el hombre con sobrepeso cayeran al suelo aturdidos dándome unos minutos de ventaja. 

Y así fue. 

Comencé a correr agilmente por los pasillos dejándome llevar por el instinto pero tres pasillos más tarde me di cuenta de que aquello era un maldito laberinto. Estaba jodida. Una alarma empezó a sonar, retumbando en mi cabeza aunque eso no me impidió seguir corriendo, me sentía mejor que nunca, digo me sentía porque al girar una de las esquinas me encontré con Seven que estaba sentado en una silla al fondo de aquél oscuro pasillo que solo estaba iluminado por un ventanal.

- Previsible Brit, sumamente previsible. ¿No te aburre ser tan ordinaria? 


Continuará…

V.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Brit - Capítulo 12+1




Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip. 

…Pip-Pip… 

…Pip-Pip-Pip… 

- Eres un imbécil, casi la matas. Te dije que la trajeses con vida, no moribunda.


Oscuridad. Silencio. 

…Pip-Pip-Pip-Pip… 

Oscuridad. Música. Una guitarra. Española. 


...Pip-Pip-Pip-Pip-Pip… 

Brizna de luz. Llanto ahogado. 

…Pip-Pip-Pip-Pip-Pip-Pip… 

- Gilipollas.

Brian levantó la mirada del suelo y me miró directamente a los ojos, estaba más blanco que la nieve cuando está recién caída del cielo. Las bolsas de sus ojos estaban hinchadas y habían adquirido un ligero tono oscuro, llevaba unas cuantas noches sin dormir y al parecer llorando. No veía más allá de su persona. Nos mirábamos, era como si en otra vida hubiéramos vivido mucho juntos, aunque aquello del 0 al 100, era 100% imposible, la morfina me hacía delirar.

Iba a pronunciar el segundo insulto, pensando que aún me quedaba otra pierna a la que Brian podía disparar, cuando en uno de los pestañeos mis ojos no tuvieron fuerza suficiente como para volverse a abrir y me perdí en un estado de embriaguez máximo, liberando un suspiro.

- ¿Se ha despertado ya? – resonó en mi cabeza.

- Durante treinta segundos – respondió nervioso, el cazador de osos perezosos más positivo de la historia. Alias Brian.

- ¿Ha dicho algo? – retumbó con más aspereza ésta vez.

- Sí. – Dijo en un susurro inaudible.

- ¡¿El qué?! – pronunció subiendo de tonto la voz áspera, rezumbando con más intensidad en mi cabeza una vez más.

Silencio.

- Que es gilipollas – mascullé haciendo un esfuerzo tan grande que oí como la máquina que controlaba mis pulsaciones aumentaba la frecuencia de pitidos, delatándome, reflejando que las pulsaciones de mi corazón se aceleraban en cuestión de segundos.

Intenté una vez más, con todas mis fuerzas dejar de mirar a Brian. Para ver más allá. Delante de él había un hombre moreno y bajito con gran sobrepeso - si se le puede decir así – que al procesar la información giró su cuerpo hacía a mí con gran sobresalto para presenciar el milagro. Sus mofletes estaban rosados de la emoción, y en su rostro se dibujó una sonrisa que iba de oreja a oreja. Muy exagerada para mi gusto. Y entonces me acordé de quién era él.

- ¡Queridísima Brit! – se lanzó hacía a mi cogiéndome de las manos en una especie de ovación. - ¿Cómo se encuentra? ¿Mareada? ¿Le duele mucho su pierna?

Silencio. Eterno silencio, sabía que le incomodaba el silencio. Fue entonces, cuando éste empezó a recular después de mi voto de silencio improvisado y no pre-meditado. Y aproveché ese preciso instante para escupirle  en la cara.

- Pelota. 

Y el cuerpo me volvió a fallar del arduo trabajo que me suponía pronunciar más de 3 palabras seguidas. Quedándome sin energía una vez más. Oí gritos enfurecidos y luego silencio y más tarde...

“ Cuando volvemos las fugaces horas 
del pasado a evocar, 
temblando brilla en sus pestañas negras 
una lágrima pronta a resbalar. 

Y, al fin, resbala y cae como gota 
de rocío al pensar 
que cual hoy por ayer, por hoy mañana, 
volveremos los dos a suspirar.” 

Bécquer. Rima 54.

“Alguna vez la encuentro por el mundo, 
y pasa junto a mí; 
y pasa sonriéndose, y yo digo: 
—¿Cómo puede reír? 

Luego asoma a mi labio otra sonrisa, 
máscara del dolor, 
y entonces pienso: —Acaso ella se ríe, 
como me río yo.” 

Bécquer. Rima 59. Y sonreí.

De vez en cuando Brian tocaba la guitarra y cantaba, tenía una voz preciosa para qué mentirte. Otras veces me leía poemas del Romanticismo, una de mis épocas preferidas de la Literatura Española.

 Mi deber era odiarle, y creédme, lo intentaba con mucho ahínco, pero a veces me resultaba sumamente difícil así que me obligaba a recordar que me había disparado en la pierna y se me pasaba la tontería. Otras veces lo oía llorar mientras se sorbía los mocos y me entraban ganas de levantarme de la cama y abrazarle, algo complicado, dado que no era ni capaz de abrir los ojos más de dos minutos seguidos, supongo que había perdido demasiada sangre.

De golpe, un pensamiento me golpeó con fuerza y angustia haciéndome añicos el corazón.

- ¡¿Y mi madre?! – Pregunté gritando a Brian, incorporándome tan rápido de la cama que mi cuerpo perdió el norte y el equilibrio. Me entraron unas náuseas horrendas y vomité hacia el costado de la cama. Brian corrió hacia mí para recogerme el pelo y sostenerme.

- Brit, estírate. – Dijo mientras me limpiaba la cara - Ahora. – Insistió. Y por una vez en la vida le hice caso a un hombre a la segunda, una de esas pequeñas promesas que una se hace, nada importante. – Tu madre está bien – prosiguió – y tranquila que no te echa de menos, se cree que estas con tu queridito James durante esta semana. – Lo dijo con un rintintín que me pareció ciertamente extraño, como si estuviera celoso. Sinceramente, me importaba un pito.

Y los ojos se me cerraron una vez más. 


Esto no se para, esto no se para, esto no se para, continuará...


V.

martes, 22 de enero de 2013

Brit - Capítulo 12


Las personas van y vienen, y yo me iba, me estaba yendo… tenía mucho más que decir pero...

Yo ya me había ido…

V.

lunes, 21 de enero de 2013

Brit - Capítulo 11

- ¿Sorprendida? – se burló Brian mientras levantaba las cejas rápidamente apuntándome con la pistola.

Cálmate histérica, pensé. “¡Qué histérica, ni que niño muerto! ¡Tiene una pistola!” ¿Eso de ahí? Mi subconsciente, siempre tan útil él. 


Todo iba a salir bien, yo iba a estar bien, sí, sí, sí… mañana yo estaría bien, bien jodida. Al parecer Brian sabía más información de mí que yo de él, espero que Richard hubiera activado un plan de acción, o cualquier cosa que activaran ellos cuando uno de sus Ángeles, por decirlo de una manera ordinaria, estaba en peligro. Estaba en cuarentena, se suponía que cuando pasaban estas cosas te tenían vigilado 40 horas. Sí, tenían que tener un plan ¡¿No?!

No era capaz de moverme, con cinco segundos hubiera sido suficiente para entrar en casa y cerrar la puerta de un golpe, pero eso supondría un peligro para mi madre y una serie de explicaciones que ahora mismo no tenía ganas de explicarle. “Eh mamá, que bueno... que tengo superpoderes, sí, leo la mente; sí, también me teletransporto, no, donde quiero no; ¿que porqué? Por el "turning point". Bla bla bla.  Ah y se me olvidaba… Nada importante ¿eh? Hará cosa de un tiempo que le robe a uno de los peces más gordos del mundo uno de sus más preciados secretos y claro, acaban de venir a saldar cuentas. Pero tú no te preocupes, solo me torturaran hasta que consigan lo que quieran, nada del otro mundo”. Evidentemente no.

Y ahí estaba yo, pensando un plan. Definitivamente estaba jodida. Ahora entendía porque la gente en las películas se quedaba paralizada cuando iba a morir; no es que fueran unos retrasados desadaptados del medio, simplemente el cerebro entraba en una infinita desconexión, en un rollo de "tonto el último", maldito traidor. Ya me lo imagino enfundado en un bañador de flores hawaianas de colores estridentes con la maleta y las gafas de sol diciendo“¡Aquí os quedáis pringaos!” mientras dice adiós con la mano.

- Como te muevas, te juro que te vuelo los sesos – sentenció con una sonrisa de superioridad – y después le vuelo la tapa de los sesos a ella – continuó, señalando con la cabeza la casa, refiriéndose a mi madre – y ahora le vas a decir a tu queridísima mamá que te vas a dar un paseo con tu queridísimo novio. Y espavila. – finalizó mirándome duramente a los ojos.



- ¡Mamá, ahora vuelvo! ¡James y yo vamos a dar una vuelta un rato, no me esperes para cenar! – grité desde la puerta con lágrimas en los ojos - ¡Te quiero!

- ¡Vale! ¡Pasádlo bien! – chilló desde la cocina – ¡Yo también te quiero cariño!

Le miré, aún con lágrimas en los ojos y cerré la puerta de casa, acto seguido él soltó una risa burlona que me hizo hervir la sangre, rematando la jugada con un:

- Pues al parecer no eres tan valiente ¿eh? – susurró bien cerca de mi cara mientras me cogía del brazo con fuerza haciéndome daño a propósito, apuntándome con la pistola en el estómago provocándome seguramente otro morado.  


Bajamos por el ascensor callados, al llegar a la planta baja, me pregunté dónde demonios se metía Mr.Cebolla cuando lo necesitaba, de un eructo lo hubiera dejado K.O. Salimos del portal mientras me empujaba del brazo con fuerza mientras yo no oponía ninguna resistencia, no es que fuera así de tonta, simplemente estábamos en sitio sagrado y no iba a montar una escena aquí. 

Hacía frío en la calle, mucho frío y yo no llevaba chaqueta. Cuatro calles más adelante llegamos a su coche, un Lamborghini Gallardo LP560-4 de color blanco, el coche de mis sueños. Hijo de puta.

- Mola ¿eh? – gritó con chulería

En ese momento le hubiera pegado un puñetazo y le hubiera robado las llaves si no fuera porque llevaba su pistola pegada a los riñones, dispuesta a disparar al mínimo movimiento en falso.

Abrió la puerta del Lamborghini y me invitó a sentarme, seguidamente me esposó las manos y con otras esposas me esposó a la puerta del coche para que no hiciera ningún movimiento perjudicial mientras conducía.

- ¿Te molesta? Pues recuerda esto nena, lo que no quieras para ti, no se lo hagas a los demás – canturreó mientras cerraba la puerta.

Odiaba que me dijeran "nena". Dio la vuelta al coche y se sentó en el asiento del conductor, metió la llave y la hizo girar y la bestia rujió. A pesar de la situación me dio un subidón de adrenalina. Me encantaba aquél coche

“Nota mental número 1 : Antes de torturarla hasta sonsacarle hasta el alma, estrenar los asientos de atrás” – empecé a escuchar dentro de mí cabeza– “¿Qué hora es? ¡Uf! Las diez, tendremos que pisarle al acelerador sino no llegaremos a tiempo y no podré follármela antes de entregarsela a Seven”

- Como me toques con esa polla leprosa y sifílica que debes tener, te juro que te la arranco de cuajo– susurré sin ni siquiera mirarle a la cara mientras mantenía la mirada fija hacia la carretera.

Se quedó atónito y callado durante un minuto, acto seguido contraatacó.

- ¿Nunca te han dicho que meterte en los pensamientos de los demás está mal? – masculló como un niño inmaduro – Además, no seas así de dura conmigo, la última vez me dejaste a medias y no me digas que no te gustó. A todas les gusta, y siempre me lo agradecen, supongo que las chicas no descubrís ser multiorgásmicas cada día.

- Eres asqueroso, yo no soy todas, imbécil – respondí con acritud mientras seguía mirando la carretera, sin dirigirle la mirada.

Sacó una pistola de la guantera que había en la puerta de su costado izquierdo y me apuntó mientras conducía. Íbamos a tener un accidente al final.

- O bajas esos humos o te disparo en una pierna para que veas que se siente al desangrarse lentamente – amenazó con dureza sin abrir mucho la boca.

- ¿Y estropear la maravillosa tapicería de tu Lamborghini Gallardo LP560-4? – le desafié una vez más sin mirarle si quiera a la cara, perdiendo la vista en el horizonte - Vamos,  cabronazo sin escrúpulos, hazlo. – susurré mientras ésta vez lo miraba fijamente a los ojos.

Y lo hizo. 

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Me ardía la piel, quemaba, jamás había experimentado semejante dolor. La bala me había desgarrado el pantalón haciendo un gran boquete en la tela y ergo en mí piel. Notaba como la sangre bombeaba con fuerza en mi muslo izquierdo, inflamando la zona. Empezó a brotar lentamente sangre de la herida, empapando todo de sangre a medida que pasaban los minutos. Me quedé callada, soportando el dolor, María, mi pediatra, estaría orgullosa de mí, no veas los berridos que pegaba cuando tocaba vacunarme o tenía que curarme alguna herida, lo hacía por vicio, pero eso solo lo sabía yo. 

Brian seguía conduciendo mientras iba mirándome de reojo, se palpaba en el ambiente que la preocupación se lo comía por dentro, llevaba diez minutos desangrándome y yo no había expresado ningún ápice de dolor, no había dicho nada y los segundos seguían pasando de la manera más lenta que jamás te hayas podido imaginar...

- ¿Estás bien? – sucumbió finalmente, después de veinte minutos de silencio - ¿Britget? - insistió ansioso, mostrando cierta preocupación e inquietud.

Ni lo miré, me estaba muriendo, había perdido demasiada sangre...

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Continuará…

V.

viernes, 18 de enero de 2013

Brit - Capítulo 10

Tenía entre mis manos aquella caja morada, la sangre empezaba a hervirme, reventaría en un momento u otro. Y sucedió. Estampé la maldita caja contra el suelo y las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas impactando contra el suelo. Lloré y volví a llorar… 


En medio de toda la llorera saqué la guitarra de su funda y Lucy y yo dejamos de estar en aquella habitación, todo a mi alrededor desapareció, dejándonos llevar por el ritmo lento del oleaje en un llanto embriagador…

Dm7, Bb9, F y C...

Dm7                Bb9                      F                                                              C9
Come up to meet you, tell you I'm sorry, you don't know how lovely you are 


Suspiré. Y seguí cantando...

Bb9
Nobody said it was easy…

Cuando me sentía triste, solía tocar la guitarra, me hacía sentir bien, una vez oí que hacer el amor con la persona que quieres es como  tocar la guitarra con los ojos cerrados...

Hacía mucho ya que no tocaba la guitarra con los ojos cerrados…

Lucy fue un regalo de mi madre, recuerdo que era un día cualquiera, de un mes cualquiera, en mi decimosexta primavera. Jamás me olvidaré de los callos que me salieron en los dedos aquél verano, pasé tantas horas en aquel parque, aprendiendo nuevas canciones, dejando que el sol me regara de vitamina D. A pesar de estar más sola que la una, fue un buen verano.

Miré hacía el suelo, chocando la mirada contra la dichosa caja, que seguía en el suelo esplendorosa, intacta. Me odiaba a mí misma. Me sentía tan inmune al amor y tan impotente a la vez…

James me había dado esa caja el día anterior diciéndome, con una gran sonrisa y con las mejillas ruborizadas, que me quería, que era el amor de su vida y que íbamos a tener dos niños, un niño y una niña. Y que los llevaríamos al parque y les enseñaríamos el mundo, que… seríamos unos padres geniales... ¿Y qué hizo la lista de Brit? Estropear el momento. Me puse a llorar. Sí, como lo oyes, así sin más. Llevábamos un año saliendo juntos y por más que lo intentara yo no sentía lo mismo por él que que él por mí, lo notaba en su mirada, en la manera de mirarme, en cómo me cuidaba, como algo frágil, como un tesoro que ya no esperas encontrar.

Miré hacía las cuerdas de la guitarra y un moratón en mi muñeca llamó mi atención. Seguro que me lo había hecho aquél inútil, pensándolo mucho llegué a la conclusión de que aquél capullo se hartaba a follar todo lo que quería y más, con solo tocarme había conseguido ponerme como cual perra en celo, a sus pies. Y parecía tener mucha práctica en ello. Sólo de pensar en la manera en que me besó y cómo me empotró contra la pared, mostrándome su gran erección empecé a humedecerme…

“Esto es enfermizo Brit. Prou.”

Seguía dándole vueltas al porqué no recordaba nada más allá del momento en que le até de pies y manos a la silla, me tenía desconcertada. En principio no podía salir de la capsula de espacio-tiempo hasta que ayudara a la persona en cuestión, así que aquello no tenía mucho sentido. Y yo no le había dado lo que él buscaba. Ni el sexo desenfrenado ni el secreto que le pertenecía a alguien de su interés.

Llamaron al timbre.

- ¡Brit! ¡Es James! ¡Le he dicho que suba! Abre tú la puerta que he de hacer la cena– chilló desde el recibidor.

Deje la guitarra recostada sobre la cama con sumo cuidado, seguro que James venía para hablar sobre lo ocurrido ayer, fuí hacia el recibidor y lo esperé con la puerta abierta. Empecé a prepararme un discurso sobre lo que iba a decirle. Que sentía lo sucedido, bla bla bla bla, que tenía la regla, bla bla bla, que tal vez teníamos que ir más despacio, aunque tal vez eso no colaba después de un año de relación, la gran Brit empezaba a perder credibilidad. Al final mis dichosas amigas tendrían razón y moriría sola.
La puerta del ascensor se abrió. Puse una de mis mejores sonrisas, James nunca se podía resistir a ellas, le encantaban, siempre decía que yo tenía una cara hecha para sonreír. En el fondo, lo quería, pero no estaba enamorada de él. Aunque la verdad es que no recordaba haberme enamorado de nadie nunca, así que tampoco sabía lo que era estar enamorada de alguien. O tal vez sí, por un momento la duda se plantó en mi corazón, mientras mi cerebro seguía negándolo con fuerza. Y fue entonces cuando el corazón se paró para dar un vuelco enorme, me quedé helada y a la vez el corazón me iba a mil pulsaciones por minuto. No era James. 

Brian me sonreía exultante desde la puerta del ascensor mientras me apuntaba con una pistola.

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Continuará…

V.

domingo, 13 de enero de 2013

Brit - Capítulo 9


Bésame Brit.

Y todo empezó a desaparecer antes de que mis labios pudieran rozar los suyos, disipándonos como polvo en el viento, perdiéndonos en el olvido, una vez más…

- ¡Misses Brit! ¡Wake up! Could you please pay attention to what I’m trying to explain? It will be only five minutes and all of you could leave.

¿Cómo? ¿Me había dormido? No era posible, nunca llegaba a dormirme en una clase de inglés y menos con Damien como profesor. Bueno, en fin, cinco minutos y para casa, que ya tocaba después de un largo día fuera. Empecé a recoger y a ponerme el abrigo, la bufanda, el gorro y los guantes. Ya, el frío y yo no éramos muy amigos que se dijera, que se le va a hacer si en otra vida yo no llegué a ser un cubito de hielo…

Salí de la academia de inglés más rápido de lo que canta un gallo, antes de que Damien pudiera amonestarme por haberme dormido en clase. No iba a permitir que él también me soltara el discursito, ya lo haría mi madre por él. Había dejado la habitación tan ordenada esta mañana… Pero es que ¡Claro! Todo era culpa de la segunda ley de la termodinámica pero mi madre jamás llegaba a entenderme ni a mí, ni a mis conceptos científicos, era una incomprendida.

Bajaba por el paseo, echando halo por la boca, siempre había creído que eso era lo único bueno del invierno.
Las luces de navidad ya estaban apagadas, pronto las quitarían de las calles, la Navidad había pasado, por suerte. No me gustaba demasiado la Navidad, siempre solía ponerme triste para esas épocas y aunque no entendía muy bien porqué siempre acababa llorando un día u otro, hacía unos años ya que esos días no me llenaban como solían hacerlo, dicen que a veces el corazón tiene motivos que la razón desconoce, y no veas cómo de triste se ponía mi corazón…

Ojalá pudiera teletransportarme en el espacio cuando quisiera...” pensé mientras tiritaba del frío y aceleraba el paso. Sinceramente esto de los poderes era agotador, estaba segura de que tanto Ghandi como John Lenon les hubieran dado mucho más uso que yo, dos calles más y ya estaría en casa. Antes de llegar al portal vislumbre lo que parecían ser dos hombres vestidos con trajes, genial, agentes del bien,­ hoy no, por favor. Mañana, pero hoy no, estaba demasiado cansada. Me hice invisible, a ver si había suerte y me dejaban en paz. Justo antes de llegar ni siquiera a meter la llave en la cerradura, uno de los dos dijo con cierto tono amenazador:

- Brit…

Boh. Y aparecí en traje.

- ¡Anda! ¿Entrevista de trabajo? – dijo burlón con cierto tono falso de sorpresa

- Ja,ja,ja. Tú siempre tan hilarante. ¿Qué quieres Richard? – respondí con mala cara.

- ¿Estás bien Brit? – preguntó preocupado

- Sí - dije más seca que la mojama.

- ¿Seguro? ¿Ha pasado algo esta tarde de lo que quieras hablar? – insistió incrédulo.

- No. ¿”Ha pasado algo esta tarde de lo que yo quiera hablar” que no me haya enterado? – imité como cual loro mostrando cierto hastío.

- Eso dímelo tú – sentenció tajante.

No estaba entendiendo nada, se me escapaba algo, pero no sabía el qué. Piensa Brit, piensa. Y entonces me acordé, ¡No me había dormido! Me había teletransportado y una especie de cupido lunático casi me había intentado matar, pero… ¿Y después? Le expliqué a Richard lo que recordaba, mencionándole que no recordaba nada de lo que había sucedido después de que lo atara de pies y manos a una silla. Richard me apretó un poco más para ver si podía sonsacarme algo más y para asegurarse de que no me estaba guardando información crucial, al fin y al cabo yo ya tenía antecedentes en tales fechorías. Richard tenía muy buen sentido del humor y por suerte mucha paciencia conmigo. Para mí, él era como el padre que nunca había tenido, pero yo era demasiado orgullosa como para decírselo. Siete minutos y cuarenta segundos más tarde, me guiñó el ojo después de desearme unas buenas noches y él y su compañero desaparecieron. Subí corriendo las escaleras no fuera a ser que se lo hubieran pensado mejor y empezaran otra vez a torturarme a preguntas a las cuales no tenía respuesta.

- ¡Hola Mama!

- ¡Julietta-Britget-Smith! ¡Haz el favor de recoger esa pocilga! Bla bla bla ¡Ahora mismo! Bla bla bla ¡¿Pero a ti no te da vergüenza?! Bla bla bla ¡Que ya tienes veinte años para ser tan guarra!

- Te quiero mamá – le dije sonriendo, mientras observaba su rostro enfurecido.

Estaba preciosa cuando se enfadaba, no llegaba a entender como “papá” fue capaz de abandonarla o… mejor dicho abandonarnos. Al procesar lo que le había dicho, se calló y me abrazó. Había tenido un mal día.

- Yo también te quiero cariño… - me dijo al oído mientras seguía apretujándome fuerte. 

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Me dirigí a mi cuarto y empecé a ordenarlo mientras mi madre y yo nos hablábamos de habitación a habitación explicándonos como nos había ido el día. Nada en especial. De entre la ropa que había amontonada en la silla, me encontré una caja morada hecha de cartón del tamaño de un libro. Llevaba mi nombre.



Continuará…

V.

sábado, 12 de enero de 2013

Brit - Capítulo 8

En momentos como estos Brian y yo volvíamos al pasado, recordándonos, rememorando una época mucho mejor, una época donde la magia existía y todo era posible, un tiempo de amores de verdad, un lapso de tiempo en el que él y yo estábamos hechos el uno para el otro, días en los que yo solía creer en el amor…

Era un día cualquiera a una hora cualquiera de un mes cualquiera, lo único que sabía con certeza era que estábamos en primavera, adoraba la primavera, típico, la gente que no tiene alergias adora la primavera. Me encontraba estirada en la hierba de uno de mis santuarios, como solía hacer un día cualquiera a una hora cualquiera de un mes cualquiera siempre que era primavera, disfrutando de un sol que brillaba con fuerza, regalándome toda la vitamina D de la que había estado falta durante un odioso invierno que siempre se me hacía más largo que un día sin pan. 


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No le pedía mucho a la vida, esos momentos de tranquilidad me devolvían la poca calma que me quedaba, me hacían sentir más viva que nunca. El tacto de la hierba sobre mi piel, su olor embriagadora, el calor del sol, mis músculos totalmente laxos, la suave brisa, alguna que otra hez de perro, las nubes que de vez en cuando tapaban al sol durante unos segundos… unos cuantos segundos… un minuto… joder, pedazo de nube. Abrí un ojo. Genial. Lo cerré.

Apártate inútil, me tapas el sol – dije con el mismo desdén que caracterizaba a una adolescente de 16 años.

Silencio y más silencio, y no, ni rastro de mi vitamina D. Abrí los dos ojos esta vez y lo miré profundamente clavándole mil puñales con la mirada mientras me sonreía con desdén. Enarqué una ceja. Nada, seguía sonriendo. Podía moverme yo haciendo la croqueta, pero ¿Por qué? Que se fuera él. Yo estaba aquí primero. YO MÁS Y MEJOR. Hombre ya.

Quince minutos después, ése cabrón seguía ahí parado, tapándome mis preciados rayos de sol primaverales.

- ¿Eres así de estúpida con todo el mundo? – preguntó incrédulo mientras se reía de la situación.

Inútil.

Ágilmente y sin escrúpulos, agarré una de las heces que había a mi abasto y se la tiré a la cara. Y empecé a correr como una condenada, intentándome alejarme lo más posible que pudiera. Usain Bolt a mi lado era un mero patoso.

- ¡Serás cerda! – Oí que mascullaba a lo lejos al darse cuenta de qué era lo que le había tirado.

Seguí corriendo como si no hubiera mañana, y me lancé estrepitosamente a una de las casitas para los niños del parque de al lado como cual conejo entra a su madriguera cuando está siendo perseguido por cualquier zorro hambriento. Guau. A veces me sorprendía a mí misma. Me miré la mano, la tenía llena de mierda y olía fatal. Empecé a reírme a carcajadas, no podía parar, estaba llorando de la risa. Me pasé una hora en babia riéndome cada vez que me miraba la mano, al olor ya me había acostumbrado hacía cosa de 50 minutos.

Cuando creí que el impertinente aquél ya se habría ido a su casa a lavarse, salí de mi escondite riéndome aún y con los ojos llorosos. No di más de dos pasos que algo me agarró por la cintura fuertemente y me levantó del suelo como si fuera una pluma.

- ¿Así que te gusta tirar mierdas a la cara de la gente? – Me susurró una voz masculina.

Mierda.

Empecé a patalear y a dar puñetazos al aire. Cómo si de una mochila ligera se tratara, me cogió de manos y pies. Y empezó a caminar. En el fondo la imagen era muy cómica. ¿Sabéis cómo cuelgan los monos de una rama? Pues más o menos. Había vuelto a mis orígenes. Lo miré, seguía sonriendo. La verdad es que no tenía miedo, no me iba a hacer daño, solo iba a vengarse y para ser sincera esperaba que su venganza estuviera a la altura, ese chico empezaba a gustarme y mucho.

Diez minutos más tarde acabamos en una especie de casa antigua grande, parecía una…

Oh, no.

En efecto, estábamos ante las puertas de una granja y no, ése día no era mi día de suerte, no estaba abandonada desde hacía muchos años.

Entró dentro de la granja y me llevo a dónde yo ya sabía que me llevaría. Al palacio real de la Reina de Inglaterra. Mentira. Se puso delante de una de las vallas, apoyó mi cuerpo en uno de los barrotes y me dejó caer dentro de la cochinera, impactando contra el suelo, llenándome de mierda hasta los ojos, literalmente. Decs.

- ¡Aquí te quedas! – Canturreó mientras se daba media vuelta y se iba.

Me incorporé y presa de la emoción del momento – en momentos como estos me planteaba seriamente la opción de que tal vez en otra vida llegara a haber sido un cerdito Navidul, Nabritdul. Ja,ja,ja. – hundí mi mano en aquél mar de heces y le lancé con todas mis fuerzas una bola de mierda del tamaño de una pelota de básquet. Y acerté. Dándole en toda la nuca, haciendo que aquél extraño diera un trompicón hacía adelante a causa del impacto.

Se giró incrédulo.

- ¡Ven a por mí cobarde! ¡Que te voy a dar la vitamina A, B y C tuya y de tu madre, capullo!  - chillé bien fuerte, mientras le hacía un corte de mangas.

Empezó a correr hacía la cochinera y saltó la valla como cual agente 007, con tan mala suerte que no saltó lo suficiente como para que su pierna derecha pasara, haciendo que se cayera de boca. Sí, de boca. Rico, rico. Solté una carcajada monumental, incluso me fallaron las piernas de la risa que me entró. Y me quedé en el suelo riéndome sin parar. Noté como algo calentito se estampaba contra la parte superior de mi cabeza, no tardé mucho en entender lo que era. Aquél chico estaba delante de mí, mirándome incrédulo, con su mano apoyada en mi cabeza separada por lo que debían ser unos 5 centímetros de heces porcinas mientras yo seguía riéndome. Quitó la mano que tenía postrada en mi cabeza y me la ofreció para levantarme.

- ¡Qué va! Ni de coña te toco la mano– dije entre risas – ¡Estás lleno de mierda!

- ¡¿Pero tú te has visto loca del demonio?! – me gritó.

Y entonces me abalancé sobre él haciendo que perdiera el equilibrio provocando que cayera al suelo. Me miró enarcando una ceja.

- Hola, me llamo Brit. – Le sonreí mientras estaba encima de él.

- Ya te odio y ni siquiera te conozco. - dijo con una sonrisa cansada – Brian.


Continuará...

V.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Brit - Capítulo 7

Y el aire cambió su eterna melodía.

Me levanté del sofá y me quedé ahí parada, mirándole, sonriéndole, di un paso adelante y lentamente, sin prisa, apoyé una rodilla en el suelo quedándome a la altura de sus ojos. Me miró, un destello de luz se apoderó de sus ojos adoptando un brillo especial.

“Lo más lejos…” – susurré.

“A tu lado…” – susurró.

Me erguí y di un paso más. Volví a apoyar una rodilla en el suelo quedándome una vez más a la altura de sus ojos, perdiéndome en aquellos ojos verdes.

“Todo lo que podríamos haber sido tú y yo…” – pronunció con los ojos vidriosos.

“Si no hubiéramos sido tú y yo…” – vocalicé sin poder decir una palabra reprimiéndome una avalancha de sentimientos que afloraba de lo más dentro del corazón y luchaba por salir a toda prisa.

Lentamente, intentando mantener la calma, volví a levantarme y di un paso más. Silencio. Alzó su cabeza y me miró.

“Si quieres algo, déjalo libre, déjalo ir…” – le susurré.

“Si vuelve, es tuyo…” – susurró.

“Si no, nunca lo fue…” – susurramos a la vez.

El tiempo pasaba y no en vano, cuatro veranos sin él, sin sus manos, sin su magia. Siempre es duro decirle adiós a alguien a quién has querido tanto, pero en momentos de lucidez como éstos me daba cuenta de que lo peor no era decir adiós sino no recordar haberle dicho adiós, porque aquella persona había dejado de existir en tu memoria, porque te la habían arrebatado de tu cabeza, descuartizando todos tus recuerdos hacia ella, haciendo añicos todos y cada uno de los suyos. Haciendo que dejéis de existir el uno para el otro. Perdiéndoos en el olvido. Sin piedad.

Di un paso más y me senté en sus piernas, descansé mi cabeza sobre su hombro. Me encantaba como olía, podía pasarme horas en aquella posición. Él apoyó su mejilla en mi frente. Nos quedamos un buen rato ahí, en silencio. Me miró, le miré de reojo y me reincorporé a escasos centímetros de sus labios.

“No me pidas que te bese…” – me susurró lentamente al oído.

“Porque te besaré…” – le dije lentamente al oído.

“Bésame Brit.” 

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Continuará…

V.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Brit - Capítulo 6.

La verdad es que no tenía prisa por saber por qué estaba muerta. Así que inmersa en mis pensamientos seguí con mi mirada fija en aquellos ojos verdes tan profundos. Buscaba incomodarle. Los minutos pasaban y desde fuera daba la sensación que ninguno de los dos tenía prisa. Pero… ¿es que realmente la teníamos? 


…Diez… 

…Veinte… 
…Treinta… 
…Cuarenta… 
…Cincuenta minutos… 

Llevábamos una hora y ninguno de los dos había retirado la mirada del otro. Era como si después de mi sentencia de muerte nos hubiéramos quedado estancados en el silencio, a la espera de algo.

Unos leves susurros empezaron a emanar en mi cabeza, no conseguía entender nada de lo que decían. Poco a poco iban resonando con más fuerza, con más nitidez, cada momento que pasaba lo veía más y más claro. Lo conseguí, me metí en su mente. Ese cabrón me había hecho sudar para reventar la barrera.

No me gustaba hacer estas cosas, hablo de meterme en la mente de las personas, no me parecía bien colarme sin que ellas me dieran permiso, aunque claro… ¿Cómo le pides permiso a alguien para meterte en su cabeza? “Eh, ¡oye! ¿Me dejas meterme en tu mente? ¡Serán unos minutillos de nada!”, supongo que no. Me había costado mucho conseguir aislarme de los pensamientos de los demás, era agotador, pero… creedme, era mucho más agotador escucharlo todo. No os llegáis a imaginar la de burradas que he llegado a oír y la de decepciones que me he llegado a llevar.

Estaba claro que Brian me conocía mucho más que yo a él, por eso durante una hora no había conseguido escuchar ninguno de sus pensamientos, los había bloqueado adrede, él desde de un principio ya sabía que podía escuchar todo lo que se le pasara por la cabeza.

Maldita zorra, deja de leerme la mente” – escuché claramente dentro de mi cabeza.

No moví ni un músculo. Nunca me había ido eso de autodelatarme así que seguí indagando en aquél mar de pensamientos.

Tal vez no me oye aún… No sé cuánto más podré aguantar así, esto es agotador, acabaré desplomándome del esfuerzo. Buff… Mira que está buena, si no me gustará tanto no hubiera perdido el control de la situación y me la podría haber tirado, qué lástima… Madre mía, qué dolor de cabeza, me ha dado bien fuerte la cabrona...

Como por arte de magia las ideas empezaron ordenarse y todo apareció en mi cabeza como si de un gran esquema se tratara. Brian tenía poderes como yo. Lo que me faltaba por ver era si estaba de mi bando o del otro. Aunque al darme por muerta, creo que ya sabía por dónde podían ir los tiros.

Tenía un poder, si más no, peculiar, muy peculiar. ¿Recordáis a cupido? ¿Ese niño regordete alado, con mofletes rosados y con los ojos vendados que se divertía tirando flechas a los hombres y a las mujeres? Pues lo tenéis delante vuestro, nuestro querido Brian, era cupido en persona, conseguía que cualquier persona se rindiera, sexualmente hablando, a sus pies.

Lo que no acababa de entender aún, era porqué me había teletransportado ahí, porqué sabía tanto de mí y porqué era él, el que me había llamado. Mi cabeza estaba a punto de estallar y ese maldito inmaduro no paraba de tararear “Carros de fuego” una y otra vez.

Seguí buscando, fui más allá. Necesitaba algo más, me faltaba algo pero no sabía el qué. Cómo dice la dicha quién busca, encuentra. Y yo, siempre encontraba lo que buscaba.

Brian era traficante. Tal vez os estéis imaginando a Brian como un camello de poca monta o tal vez un narcotraficante con su yate de mil millones de euros, cosa que podría ser posible, dado a que tenía una casa que hacía diez de la mía, pues no, no era traficante de droga. Tal vez, os lo imagináis como un proxeneta, traficando con mujeres y niñas pero no, tampoco traficaba con personas y menos con órganos o con dinero falso, eso era cosa de principiantes, un mero juego de críos.

Brian traficaba con secretos. Y parece ser que desde hace mucho tiempo tengo algo que le pertenece a alguien de su interés. 

Y, e aquí las dos preguntas del millón. ¿Cuánto estaba dispuesta yo a pagar por conservarlo? ¿Cuanto estaba dispuesto Brian a pagar por conseguirlo de vuelta?

Le sonreí. 

¿Continuará?

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V.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Brit - Capítulo 5

Silencio. 

Normalmente, me hacía una idea rápida de lo que tenía que hacer al ser transportada a algún lugar aleatorio del espacio tiempo, o si más no, siempre me acababa dando de bruces con cuál era la solución. Pero el supuesto Brian me tenía desconcertada, fuera de lugar, en éste aspecto, la situación no se semejaba a ninguna vivida anteriormente. Empezaba a sentirme insegura a pesar de que él jugaba en clara desventaja. O al menos, eso era lo que yo creía. 

Una especie de tensión se palpaba en el ambiente. Algo no iba bien, lo presentía.

Él vino hacia mi y se quedó a cinco centímetros de mi cara. En otro contexto hubiera dado un paso hacía atrás para salvaguardar mi espacio vital pues siempre me había sentido muy incómoda cuando las personas se me acercaban demasiado, pero en este caso no lo hice. Nos mirábamos directamente a los ojos, sin mover ni un músculo, a la expectativa de algo que personalmente, no tenía ni idea de qué era.

De repente, nos abalanzamos el uno contra el otro como bestias indómitas que defienden su territorio. Él tenía muchísima más fuerza que yo, así que acabé contra la pared haciendo un gran estruendo mientras sus brazos aprisionaban a los míos en alto. Su cadera presionaba la mía con suficiente presión como para no poderme mover.

Me seguía mirando, empecé a hacer fuerza para intentar liberarme cuando éste postró sus labios sobre los míos. Perplejidad. Acción-Reacción. La femi-nazi de mi interior reaccionó y empezó a gritar burradas contra esa acción que violaba una larga lista de derechos femeninos.

El corazón me iba a cien, me sentía demasiado abrumada cómo para pensar con claridad. No podía hablar, por más que lo intentara ninguna palabra salía de mi boca. Hice un intento por liberarme de sus brazos, pero Brian contraatacó apretándome más fuerte contra la pared, ahora con un solo brazo. Seguía mirándome a los ojos y soltó una risita tímida, acto seguido puso un dedo en mis labios y me hizo callar con un suave “Shh…”. Empezó a acariciarme las mejillas bajando suavemente por el cuello hasta llegar al escolte de la blusa donde empezó a dibujar corazones. Lentamente introdujo su mano por debajo de mi camiseta, siguiendo un camino que se dirigía hacia el ombligo, pero lo pasó de largo subiendo pacientemente hasta llegar al sostén, donde apretó con fuerza. Gemí. Estaba perdiendo el control de la situación.


Sin saber cómo, un deseo empezó a aflorar dentro de mí hasta hacerse insoportable, jamás había vivido semejante sensación, el miedo desapareció dejando paso a una lujuria que nunca antes había experimentado. Me rendí. Empecé a besarle, él me liberó de su trampa y yo empecé a quitarle rápidamente la camiseta, él me levantó y yo le rodeé la cintura con mis piernas, empezó a moverse mientras seguía besándome dirigiéndose a una de las habitaciones que comunicaba con aquél gran salón. Volvió a empotrarme contra una de las paredes de aquella habitación quitándome los tirantes del sostén con los dientes, jugando con mis pechos, recorriéndolos con su lengua, haciendo que me perdiera en un mar de placer. 

Aquello estaba fuera de control, era incapaz de pararlo y en el fondo no quería pararlo. No entendía bien el por qué pero creo que tampoco me importaba dema… O… tal vez… sí… 

¡Sí me importaba! ¡Esa no era yo! ¿Qué estaba haciendo? Volví en razón. Con rabia e indignación proyecté con fuerza mi rodilla contra su aparato genital. El susodicho cayó al suelo en seco con los ojos bien abiertos y llorando de dolor. “¡Brit 1, Brian 0!” dije bien alto para que me escuchara. Al menos habían servido de algo aquellas clases tan caras de autodefensa.
Eché mano de un jarrón que había en la mesita de noche y lo impacté contra su cabeza dejándolo inconsciente. Maldito hijo de puta… – lo maldije con rabia. Tenía unos treinta minutos, aproximadamente.

“Espabila Brit. Piensa rápido.” -me dije para mis adentros.

Trasteé por toda la casa en busca de cuerdas y… ¡Sorpresa! ¡Brian tenía un disfraz de Huevo Kinder! Es broma. Lo decía para sacarle un poco de hierro al asunto, que creo que estáis un poco tensos. Lo que no era broma era que Brian tenía unas esposas en la mesita de noche que  por cierto me iban de lujo. Finalmente conseguí una cuerda de montaña, pues por lo visto a la sex-machine le iba la escalada, así que lo até a una silla de manos a pies y le puse las esposas bien apretaditas por si a ese cerdo se le ocurría volverme a tocar.

Esperé a que se despertara. Después de una hora de espera, empecé a pensar que tal vez le había dado demasiado fuerte. Por un momento me supo mal, medio segundo después me volvió a dar igual, él se lo había buscado. Ahora que ya estaba más calmada, empecé a pensar en lo que había ocurrido, nada de esto tenía sentido ¿Porqué lo había besado? ¿De dónde provenía todo aquél deseo irresistible? Estaba tan inmersa en mis pensamientos que no me di cuenta de que él ya estaba consciente desde hacía unos minutos. Lo miré.

- Estás muerta. Que lo sepas. 



Continuará…

V.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Brit - Capítulo 4.

¡SORPRESA! – grité bien fuerte mientras abría mis brazos de par en par. 


Oh sí, cómo me gustaban este tipo de entradas triunfales por la puerta grande.

Mr. Bailodesnudoenelsalóndemicasa se convirtió en Mr. Caradesencajada pasando por Mr. Meacabadedaruninfarto hasta llegar a Mr. Estoymásblancoquelatetadeunamonja. 
Lo extraño fue que no se cagara de miedo, y hablo literalmente. No era la primera vez que me pasaba. 

Intenté con esmero no reírme en su cara, aunque como decía mi profesor de Castellano, “Brit no te has esforzado lo suficiente”. 

Curiosamente, después del grito ahogado poco masculino vi como su cara se relajaba a pasos estrepitosos. Tan estrepitosos que sentí cierta inquietud e incomodidad. Algo fallaba, esa mirada sucia no podía significar nada bueno... Oh, mierda. Otra vez no... Norma número 1: Jamás aparezcas justo cuando el susodicho este desnudo, recuerda que aparecerás en las mismas condiciones en las que éste se encuentre. Es decir, desnuda.

Tatataxán... La solitaria neurona que habitaba en el pene de nuestro hombretón no había perdido el tiempo y antes de poderlo evitar ésta ya había viajado rápidamente al cerebro y del cerebro había vuelto al pene y vuelta empezar. Consiguiendo así, después de dos miserables segundos, que una erección empezara a vislumbrar el horizonte. 

“Hombres” – susurré con hastío.

Estas situaciones eran tan embarazosas que me sacaban de quicio. No os hacéis una idea de lo frustrante que era no poder ser capaz de elegir por mi misma en qué condiciones aparecía.
Además siempre pensé que hacer una entrada estelar disfrazada de Huevo Kinder hubiera sido un puntazo, al menos lo de “¡Sorpresa!” tendría su gracia. 

La norma de la que os hablo, en el fondo tenía su lógica, seguía una ley muy básica de la selección natural: Sólo los que se adaptan al ambiente sobreviven. Y eso hacía yo, adaptarme al ambiente. 

“Vístete” - le ladré como cual perro rabioso. 

Obedientemente y sin saber porqué se empezó a vestir. Poco a poco yo fui recuperando mi ropa. Mientras esperaba a que se acabara de vestir, tímidamente éste pronunció: 

“Me llamo Stuart”. 

Lo miré fijamente a los ojos adoptando una postura incrédula ante tal mentira, así que irónicamente dije:

“¿Sí? Y yo que pensaba que te llamabas Brian Black. Qué error por mi parte”. 

¿Sabéis cuando vuestra madre acaba de limpiar el váter blanco de porcelana? Pues ese fue el color de su cara. Ya sabéis lo que dicen, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

“O me dices inmediatamente quién eres o llamo ahora mismo a la policía” rebatió con fuerza intentando sonar seguro de si mismo. 

“¡Calma! Que no cunda el pánico, no pretendía asustarte. No estoy aquí para hacerte daño. Me llamo Brit.” le dije intentando calmarlo. 

“Bien Brit. ¿Y qué demonios haces aquí?” preguntó con cierto tono escéptico. 

“No lo sé Brian, me has llamado tú.” 

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Continuará…
V.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Brit - Capítulo 3.


Yo era… Yo era todas las personas que habían pasado por mi vida, personas que seguían a mi lado, personas que habían tomado un camino distinto, personas ya fallecidas y personas que seguían brillando con luz propia en un mundo, dónde la electricidad empezaba a agotarse.

Todas esas personas me enseñaron que en esta vida, hay que resplandecer cómo el sol y no cómo las estrellas. Que hay que aprender a no aceptar las cosas tal y como nos vienen. Que estamos obligados a patearle el culo a todo aquél que intente hacernos sentir inferior. Ellos me enseñaron a no callarme, a rebatir hasta que me quedase sin saliva, a ser una ilusa y a seguir luchando aunque el barco ya hubiera zarpado hace tiempo. Aun así, también aprendí que uno ha de saber parar y ha de saber diferenciar la fina línea que separa ser un iluso, de ser un cazurro. Por aquello de no malgastar toda tu vida haciendo el imbécil.

A veces, yo también era alguien que odiaba sus estupendas teorías de mierda porque si nos poníamos estrictos, tenía que acabar admitiendo, aunque odiara hacerlo, que yo también era aquél vecino del quinto al que era más fácil saltarlo que rodearlo. Un hombre con el que nadie quería subir al enorme ascensor de 2x2 de mi bloque, más que nada, por aquello que siempre dicen de que los pequeños detalles marcaban la diferencia. Hablo enserio y, hablo de su aliento. No os llegáis a hacer una mera idea de lo mal que le llegaba a oler el aliento a cebolla rancia todos y cada uno de los días de la semana, sin excepciones, él jamás fallaba. Creéroslo. Ah, y tranquilos... Yo también sigo preguntandome cómo lo consigue.

No, enserio, tendríais que ver a mis geniales vecinos, los deportistas. El hecho de subir por las escaleras no les parecía una mala opción al ver al señor Cebolla esperando el ascensor. Incluso yo, la reina de los perezosos - cómo adoraba a ese encantador animal - me convertía en una deportista de élite en momentos como aquél. Una, hacía cualquier cosa con tal de no tener una muerte tan patética cómo aquella. Aún me acuerdo de la primera vez que me metí en la boca del lobo - en la boca de un lobo muerto, muerto desde hacía un mes - . Qué tiempos aquéllos en los que era insensata e  inocente. Creo que nunca se me había hecho tan largo subir tres pisos aguantando la respiración.

En definitiva, aquél hombre, que con solo una sonrisa conseguía que las personas tuvieran hábitos tan saludables como subir ocho pisos andando, también formaba parte de mi. Es lógico. Imaginaos, veinte años de eterna salud, como podría osar no tenerlo en cuenta.

Dejándome de cursiladas y comentarios crueles - los cuales, he de admitir,  disfruto infinito, para qué engañarnos- yo era una virgo de 20 años con ansias de cambiar el mundo, una atea con serias dudas sobre el más allá, alguien interesado, si más no, en las personas. 


A pesar de estar interesada en el ser humano, aquél animal egoísta que "supuestamente" provenía del mono  y digo supuestamente, porqué la mayoría de veces lo dudaba, y mucho. No es posible que provengamos de un animal tan listo como lo es el mono. ¿Qué? ¿Que no me creéis? En mi defensa he de decir que al menos ellos no destruyen su hábitat ni se matan los unos a los otros por el puro placer de ver sufrir a sus iguales. 

Como iba diciendo, a pesar de estar interesada en los de mi especie, yo era alguien que se cansaba muy rápidamente de los demás. Para más inri, mi madre, la oportunista, siempre me decía que yo era demasiado independiente y que eso no solía agradar a las personas. Incluso mis amigas solían decirme que moriría sola. "Oh... ¡Pobre Brit!" estaréis pensando.
¡Venga hombre! No sintáis compasión por mi. Cómo si me afectara. Yo a mis veinte primaveras tenía muy claro que las únicas histéricas que morirían solas agarradas a una botella de vodka a sus sesenta años serían ellas. Por pesadas.

Hacía tiempo ya, que yo sabía, con cada poro de mi piel, que la vida me tenía algo preparado, algo inmenso, no merecía menos. Aunque a veces.... Pues, dudaba. No negaré que más de una vez había sentido ese miedo a morirme sola. 

...

¿Qué? ¿¡Eh!? No,no,no,no... Ni se te ocurra mirarme así.

Todo el mundo tiene miedo a morir solo ¿sabes?. Sí, incluso señor Cebolla y Mr. Bailodesnudoenelsalóndemicasa. Ellos también temen morir solos. ¿Que cómo lo sé? Pues gracias al libre albedrío de los poderes.

Sé que ahora mismo estarás pensando que estoy tarada y que mi cabeza es lo más cerca que has estado de una bomba de relojería, llena de ideas y pensamientos, a punto de explotar. Y que crees que no soy consciente de ello. Pues, amigo mío, siento decepcionarte, la tierra no es plana, llegas tarde, hace tiempo que soy consciente de todo esto, no has descubierto el chocolate.

A veces, tengo tantas cosas en la cabeza que jamás acabo de explicar algo porque salto de una cosa a la otra y justamente cuando he llegado a esa otra cosa... ¡Pof! Un nuevo pensamiento irrumpe con fuerza, consiguiendo que me pierda entre pensamientos y ideas geniales. Pensamientos y ideas geniales que, por desgracia, solo tienen sentido aquí. En mi cabeza.

Como te estaba intentando explicar, yo era una chica normal y corriente hasta la fecha, sí, aquella fecha, aquél momento. ¿Lo recordáis? El “turning point”. 
The moment that changes everything…


Adivinad qué. Continuará...


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V.